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Vía ( Crónica Uno / Agencias ) | Mibelis Acevedo: La sociedad civil presiona para producir cambios pero no aspira a hacerlo desde el poder

La comunicadora y estudiosa de los procesos de transición cree que para la oposición venezolana es mejor un deslinde a tiempo que una unidad a la fuerza. Sostiene que la sociedad civil debe seguir propiciando condiciones para lograr acuerdos parciales que, a la postre, lleven a un acuerdo integral. “Maduro abre el juego solo lo suficiente para no perder el control. Aún así, es un riesgo para él”, dice. Resalta que las mujeres venezolanas pueden jugar un rol destacado en la venidera negociación.

CARACAS.-El Foro Cívico de Venezuela o Foro Cívico, a secas, es un conglomerado de más de 200 ONG y personalidades venezolanas que se conformó a finales de 2020, pero irrumpió este año en la opinión pública al postular 15 candidatos a rector del Consejo Nacional Electoral (CNE), en un proceso cooptado por el PSUV desde la Asamblea Nacional electa en unos comicios cuestionados en diciembre pasado.

Sin embargo, los integrantes del Foro Cívico iniciaron su trabajo de articulación en pleno 2017, el año de las protestas y la represión, bajo una plataforma que denominaron Diálogo Social. Desde entonces han promovido acercamientos entre factores del oficialismo y la oposición en la búsqueda de acuerdos mínimos para alcanzar soluciones a problemas sociales específicos.

Una de sus primeras iniciativas fue la propuesta de un convenio de cooperación entre Venezuela y la Corporación Andina de Fomento para atender la emergencia eléctrica en Zulia, Táchira, Miranda y Nueva Esparta. La idea fue presentada a diputados de la oposición y del oficialismo en la Asamblea Nacional presidida entonces por Julio Borges. Se requería la aprobación de ambas bancadas, pero ello no fue posible.

“No sabes cuánta resistencia hubo de parte de los partidos políticos en ese momento. No se logró”, recuerda con pesar Mibelis Acevedo, una comunicadora social, estudiosa de los procesos de transición política e integrante del Foro Cívico, comprometida desde hace varios años con la creación de espacios de acercamiento entre sectores políticos con miras a una solución negociada.

En conversación telefónica este jueves 27 de mayo, Acevedo ofreció a Crónica.Uno su visión crítica desde la sociedad civil respecto del proceso político venezolano, el rol de los partidos y el papel de las organizaciones civiles, en un país al borde de una nueva negociación de alto nivel entre la administración de Nicolás Maduro y la oposición.

En una de sus primeras reacciones al comunicado de la Plataforma Unitaria de este 25 de mayo, Acevedo consideró que el país quedaba como si se hubiera perdido una temporada completa de una serie de televisión, pues el sector que respalda al gobierno encargado de Juan Guaidó pasó del mantra a la negociación, sin mayores explicaciones.

“Creo que toda la oposición ha cometido errores de juicio, de cálculo, han sobrestimado las circunstancias y subestimado al adversario y eso ha desembocado en el paisaje que tenemos hoy, con una oposición fracturada. El error político, sobre el que escribió el canadiense Michael Ignatieff, es inevitable, pero una vez que se comete, la primera responsabilidad del político es admitirlo y ver cómo corregirlo. Desde 2019 la oposición tomó decisiones que no debieron tomarse, hizo promesas que no pudo cumplir, cálculos sin asidero en la realidad como aquello de ‘todas las opciones están sobre la mesa’. La gente creyó en eso. Ahora estamos ante un giro realista que se profundiza en la comunidad internacional, por ejemplo, con la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos. Hace poco la secretaria de Estado de España para Asuntos Exteriores e Iberoamérica, Cristina Gallach, hablaba del realismo inteligente y de ver las cosas como son y no como queremos que sean. Creo que esa frase resume bien el nuevo espíritu de los aliados en relación con Venezuela”.

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¿Y dentro de la oposición ve el mismo giro?

–Ha costado mucho más. Y una de las razones es que no se han asumido los errores cometidos. Cuando leemos y escuchamos las entrevistas recientes a Freddy Guevara uno queda descolgado entre la narrativa y promesas que se manejaron en 2019-2020 y lo que se maneja ahora: una visión más realista, más apegada a la lógica de las transiciones políticas y a las democratizaciones por la vía institucional. Pero en medio de ‘las opciones sobre la mesa’ y el Acuerdo de Salvación Nacional hay un tránsito que no hemos visto. Hay mucha gente que creyó en esa oferta de solución rápida, que se ilusionó, que no le han dado explicaciones y hoy se siente estafada. No es una cantidad despreciable las personas que creyeron y dieron su apoyo entusiasta al interinato y ahora hay que convencerla de otra cosa.

Eso no se va a lograr a punta de promesas sin sustancia sino de argumentos, de razones, de una narrativa distinta que no trate a las personas como un rebaño sino como gente pensante. Por eso es importante explicar y rectificar entendiendo que hubo equivocaciones, que son parte de un proceso de reconstrucción interna de la oposición.

¿En ese proceso de reconstrucción interna Henrique Capriles se acercó a la propuesta de negociación de la Plataforma Unitaria o la Plataforma adoptó la estrategia de negociaciones parciales de Capriles?

–Lo segundo. La visión de Capriles siempre ha sido pro participación. Sin embargo, debido a estos cambios de visión de los últimos años y la influencia del gobierno de Donald Trump en Venezuela, la oposición perdió su identidad, se alejó de la propuesta de producir cambios por la vía institucional y apostó a la vía del cambio exprés. El sector que mantenía esa postura dentro de la oposición asumió el mando y hubo un reencuadre de toda la estrategia. A raíz del fracaso de esa estrategia con unos hitos muy claros (23-F, 30-A, Operación Gedeón) el resto de los actores políticos se realineó. En medio de esa reflexión, ya a partir de 2020, Capriles retoma lo que siempre ha impulsado: el cambio por la vía de la participación, luchar por mejores condiciones electorales y recuperar el valor del voto.

El voto ha perdido valor como instrumento de cambio porque la gente percibe que vota y su voto no sirve para nada. Una de las cosas que se ha logrado en ese camino es la reconfiguración del CNE.

La pérdida de valor del voto ha sido provocada por las decisiones del CNE, el TSJ, Miraflores y el PSUV…

–Sin duda alguna. El entorno no ha ayudado, estamos inmersos en la dinámica que impone un régimen autoritario que se ha vuelto más hegemónico, y, en ese sentido, se ha aprovechado de las ventajas de estar en el poder para anular al adversario. Eso ocurre en Venezuela y en otros países donde hay situaciones similares. Sin duda alguna el Gobierno ha hecho lo imposible para que el voto se desvalorice, para quitarle competitividad al adversario y armar un entramado legal que le sea favorable a la hora de los procesos electorales.

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Usted mencionaba al principio de la conversación que hoy la oposición está fracturada, pero esta semana Guaidó dijo que la oposición no está dividida, sino dispersa porque todos quieren lo mismo pero con visiones distintas…

–Ese planteamiento del interinado se queda en la forma y no va al fondo. La oposición está dividida, dispersa y fracturada y la fractura tiene que ver con cosas de fondo, más que de forma. Desde antes de la creación de la Mesa de la Unidad hay dos sectores que conviven en la oposición: uno, el sector vinculado a La Salida, de las opciones rápidas, que creen que se puede pasar de un régimen a otro sin una transición de por medio, que se puede desplazar a los actores políticos importantes y lograr una democratización, que la táctica para desplazar a la coalición dominante es la ruptura. El otro grupo que coexiste en la oposición es el que apuesta a la vía del cambio progresivo, la acumulación de fuerzas, del cambio dentro de las instituciones que permitan un cambio de reglas del juego que, eventualmente, puedan reconstruir la democracia. La MUD fue consecuente con esa visión democrática, constitucional, pacífica y electoral. Toda la estrategia en torno a estos cuatro pilares apuntaban a la democratización progresiva. Esas dos posiciones no se han reconciliado y difícilmente se podrán reconciliar.

Entonces no sería realista pensar en la unidad de todos los sectores de la oposición de cara a una negociación política: María Corina Machado, la Alianza Democrática, la Plataforma Unitaria, la sociedad civil, Henrique Capriles…

–Lo primero es definir la orientación estratégica. Ya sabemos que el cambio inmediato no rindió frutos, que se está dando esta reflexión a lo interno y aunque aún no ha arrojado resultados, podría conducir a una eventual sintonización de los intereses de la oposición. Por otro lado, la fractura se ha profundizado además porque hay muchas heridas de por medio, demasiado insulto y demasiada guerra sucia que han convertido a la oposición en un archipiélago.

Yo no creo que en este momento sea factible la unión de todos, por ejemplo, María Corina Machado sacó la negociación del camino, no cree en una democratización por la vía institucional e insiste en la estrategia de la presión externa. Así es difícil lograr la sintonía.

Muchas experiencias de transiciones en el mundo te dicen que los deslindes a tiempo son más efectivos que tratar de mantener una unidad que no se sostiene por sí sola, por la fuerza. Aquí se ha hecho lo imposible por conciliar las diferencias, pero hay cosas de fondo tan difíciles de trascender que será difícil lograr una coalición en términos igualitarios.

Sociedad civil o partidos políticos. El falso dilema

A partir del proceso de renovación del CNE se abrió una discusión en algunos espacios académicos, de investigación y de la opinión pública sobre el rol de los partidos políticos y la sociedad civil en sistemas autoritarios.

En el caso concreto del CNE, algunos analistas afirman que la sociedad civil, y en particular el Foro Cívico, intenta suplantar el rol de los partidos políticos. Otros sostienen que los partidos abandonaron su rol y la sociedad civil se vio forzada a ocupar el espacio.

Para Acevedo, tal debate es un falso dilema: “La sociedad civil tiene objetivos y dinámicas que en lo absoluto se contraponen ni compiten con las élites políticas. Entre las prioridades de la sociedad civil no está la búsqueda del poder, sino que apunta a cambios coyunturales relacionados con la atención de derechos básicos de la población. Para eso no necesita poder político. Es un actor que presiona para que se produzcan cambios pero no aspira hacerlo desde el poder”.

“La sociedad civil tiene objetivos y dinámicas que en lo absoluto se contraponen ni compiten con las élites políticas. Entre las prioridades de la sociedad civil” Foto: Cortesía

¿Y los partidos?

–Los partidos pueden tomar como insumo lo que le da la sociedad civil para promover cambios en el sistema desde el poder político. La sociedad civil tiene una incidencia importante porque tiene contacto directo con las necesidades de la gente, del barrio, de la comunidad. En esa misma medida ofrecen al sector político insumos para que construyan proyectos de cambio estructural que podrían ayudar en este caso a pasar de un régimen político autoritario a uno democrático. Pero en ningún momento creo que esté planteada una competencia entre ambos sectores. Ahora, la crisis de los partidos no es nueva. Toda la descomposición del sistema democrático que vimos a finales de los años noventa tiene que ver con el deterioro de los partidos que terminó abriendo espacios para que la democracia fuera atacada desde dentro por el discurso populista que introdujo Hugo Chávez.

Si en ese momento los partidos políticos estaban débiles, también lo estaría una sociedad civil que nació como un apéndice de esos partidos ¿Ahora la sociedad civil se independizó, quizá?

–Exacto. La sociedad civil no existía y los partidos políticos la crearon, la articularon a finales de los años cincuenta a partir de su injerencia en academias, universidades, sindicatos, gremios. Pero en la medida en que esos partidos se debilitaron, también se desconectaron de la sociedad civil. En el 2000 Chávez se encuentra con una sociedad en vías de disolución, sin un adversario fuerte y articulado para hacerle frente. En estos 20 años ha sido un reto para la sociedad civil superar la falta de tradición, de experiencia en la estructuración autónoma de un tejido social. En los últimos 3 años la sociedad civil entendió que había que salir del marasmo y que los partidos políticos estaban lejos de asumir la ruptura de la inercia e incluso estaban propiciando el empate catastrófico.

El chavismo siempre despreció a la sociedad civil como un actor relevante en la vida nacional. No sé si el proceso para renovar el CNE los hizo cambiar de lectura, pero ¿cuál debería ser el rol de la sociedad civil en la negociación?

–Lo primero es aclarar que el chavismo ha instrumentalizado a la sociedad civil, ha armado su propia sociedad civil. Esa es una distorsión de la política de los últimos 20 años. Cada quien arma su sociedad civil y no entiende que la sociedad civil debe ser un cuerpo social independiente de la dinámica partidista. Ahora, respecto al rol en la negociación, creo que debe seguir siendo la misma que hasta ahora: impulsar y propiciar condiciones para que haya la posibilidad de un acuerdo integral, que pasa por lograr acuerdos parciales que atiendan la coyuntura. Tú no puedes decirle a la gente ‘no comas hoy sino en dos años’. No. Tienes que resolver sobre la marcha. La situación venezolana amerita soluciones coyunturales y esos acuerdos parciales deben permitir crear condiciones para un acuerdo integral.

¿La mesa técnica para la ayuda humanitaria en 2020 y la mesa técnica para el ingreso al mecanismo Covax en 2021 entrarían dentro de esa lógica de los acuerdos parciales?

–Sin duda, claro que sí. Y en ambos hubo participación de la sociedad civil. La entrada del Programa Mundial de Alimentos a Venezuela, la mesa Covax, la rendición de cuentas que se está haciendo ante la Corte Penal Internacional, en todos esos procesos ha estado incursa la sociedad civil. Ese espíritu de negociación ha salpicado a estos sectores que hasta hace muy poco estaban reacios a la idea de la negociación. El acuerdo de la mesa Covax es un buen ejemplo de que hay un espíritu distinto en el abordaje del conflicto. Lo que decía Maquiavelo, hay que aprovechar la ocasión, que además no siempre se presenta. Aprovechar esas pequeñas posibilidades con un abordaje flexible desde el punto de vista estratégico.

La negociación, la oposición, el chavismo y el rol de las mujeres

En toda negociación las partes se sientan con una exigencia (o varias) y algo que ofrecer a cambio. Pero en el caso venezolano, la oposición no controla el territorio, no controla las armas, no controla las sanciones internacionales y ya no tiene el control fáctico de la Asamblea Nacional, que si tenía cuando el produjo el proceso negociador de 2019 en Oslo y Barbados. Quizá por eso el madurismo no permitió a ese proceso avanzar más y montó la Mesa de Diálogo Nacional con unos partidos que no tenían ninguna representación política.

Sin embargo, Mibelis Acevedo considera que un activo importante de la oposición es el apoyo de los aliados internacionales, en particular de la Unión Europea y de Estados Unidos.

“Creo que la administración Biden está entendiendo que las sanciones no han sido tan efectivas como se pensaba y que, lejos de ayudar, en muchos casos han propiciado el atornillamiento de Maduro. Estos cambios de visión del problema podrían convertirse en ventajas para la oposición. Por ejemplo, la oposición podría tratar de lograr una sinergia en el tema de sanciones para que los países que las han impuesto se conviertan en una especie de garantes que fortalezcan a la oposición en la mesa”.

¿Cómo va el chavismo a la negociación?

–Me parece que la posición del chavismo no es la mas cómoda. Aunque no sea evidente, hay fracturas importantes a lo interno. Las disidencias han abierto heridas importantes y hay una presión dentro del PSUV para que se democratice el acceso al poder. Todo esto en el marco de una situación económica, financiera e incluso legal nada holgadas porque hasta las presiones de la Corte Penal Internacional están pesando. En ese contexto, esa cooperación antagónica de la que habla David Welsh cuando se refiere a Sudáfrica, creo que podría darse aquí. Esa especie de noción compartida, de destino común, de proyecto común de país pasa por que el Gobierno entienda que no puede salir del marasmo solo, que necesita de la oposición para salir también de esta situación de irresolución política que no le conviene a nadie. Tratar de salir de esta distorsión política le conviene a los factores moderados del oficialismo que aunque no se ven, creo que están haciendo presión a lo interno para que haya cambios hacia lo externo. Ha habido liberalizaciones en el campo económico, acercamientos con Fedecámaras y algunos sindicatos, que dice que solos no pueden.

¿Esa cooperación antagónica es aplicable a un modelo de gobierno que ha demostrado con hechos y con muchas víctimas que su motivación central es permanecer en el poder?

–Mantenerse en el poder a como dé lugar tiene que ver con fortalezas de ese régimen: estar fuerte, no tener presiones a lo externo y mantenerse más o menos cohesionado. Si fuese 100 % como dices, entonces apelar a la negociación sería innecesario. Han dado algunos primeros pasos en áreas que hace 20 años no se daban, se han dado acercamientos que no hubieran tenido antes en su agenda. Lo que veo es que no están tan fuertes como para prescindir del otro. Nos llega muy poco de lo que ocurre a lo interno de la Fuerza Armada, por ejemplo.

Maduro no está en una situación holgada y se ve obligado a abrir el juego lo suficiente para no perder el control. Esa mínima y controlada apertura, sin embargo, también significa un riesgo para él. Es lo que Andreas Schedler llama la ventana de incertidumbre democrática, que aun siendo pequeña y frágil, podría hacerlos vulnerables en algún momento.

Su apuesta seguramente es ceder algunos pequeños espacios sin que el control institucional se comprometa demasiado. Pero sucede que al entrar en ese espacio de flexibilización, no todas las variables son predecibles. La decisión final del votante, por ejemplo. He allí la oportunidad, la grieta que las oposiciones democráticas organizadas han logrado aprovechar y ensanchar en otros países.

Si Maduro se ha visto obligado a dar estas señas de apertura que usted refiere ¿eso no sería al menos en parte, el resultado de las acciones de la oposición en los últimos cinco años?

–El tema de las sanciones es polémico porque creo que han creado presiones al gobierno que no son fáciles de eludir y lo han llevado a cierta apertura. Lo que creo es que el abordaje de las sanciones y la presión se hizo de manera desarticulada y desorganizada. Si hacemos un balance, se han creado algunas condiciones para que el Gobierno entienda que no puede seguir abusando y atropellando a diestra y siniestra. Pero la dinámica como eso se ha producido no ha sido la más eficiente, ha habido mucho daño colateral que se pudo evitar, se tomaron decisiones como la abstención que debilitaron mucho más a los partidos. La presión internacional en 2019 y 2020 no se hizo bajo el criterio de la multilateralidad sino que fueron decisiones unilaterales. Todo eso lejos de crear condiciones para un ganar-ganar ha terminado llevándose por delante a todo el mundo.

Las sanciones crearon condiciones para que el Gobierno ceda pero de la peor forma. Hemos alargado los tiempos de resolución y quien rompió la inercia no fueron los partidos sino la sociedad civil.

La mujer venezolana tiene un papel preponderante en la activación política y social venezolana. Sin embargo, en los procesos de negociación de los últimos años las mujeres han participado apenas como asesoras ¿Cuál debe ser el rol de las mujeres en esta nueva negociación? ¿A quiénes propondría usted?

–La representación que hay en el Foro Cívico es estelar. La voz de la mujer ahí es fundamental, pero el Foro es apenas una parte de la sociedad civil. Hay muchas mujeres comprometiéndose y trabajando en otras iniciativas. La participación de la mujer en los procesos de negociación ha sido fundamental en otras partes del mundo; estudios de la ONU han determinado que en aquellos procesos de negociación donde participan mujeres aumentan las posibilidades de éxito. El aporte de lo femenino le da otra visión a la resolución del conflicto y hace más plural el abordaje de los problemas. En Venezuela hay una deuda histórica con la mujer en materia de protagonismo político. Las mujeres han luchado muchísimo y logrado reivindicaciones importantes, pero cuando ves los cuadros de representación de los partidos, las mujeres se cuentan con los dedos de las manos. Habría que ver cuál es la delegación que asista a la negociación, pero hasta ahora no escucho nombres de mujeres en las posibilidades que se barajan, sin embargo, para responder a la segunda parte de la pregunta, me vienen a la mente Griselda Colina, Mariela Ramírez, Colette Capriles, Bibi Borges, Keta Sthefani, Deborah Van Berken, Yaya Andueza, Leida León. Y muchas más que en este momento seguramente olvido; de antemano me disculpo con ellas. Hay muchas mujeres que están tomando parte muy activa en este momento y podrían hacer grandes aportes a un proceso frente al cual, en general, tengo expectativas moderadas con un sesgo optimista.

Perfil

Mibelis Acevedo Donís / Foto: Cortesía

Mibelis Acevedo Donís es periodista egresada de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, con especialización y postgrado en Análisis del Discurso Audiovisual de la Universidad Católica Andrés Bello, y un diplomado en Transiciones Políticas dictado por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB.

Es columnista en varios medios digitales, entre ellos El Universal, Analítica.com, Opinión y Noticias y cesarmiguelrondon.com.

Fue coordinadora editorial y jefe de relaciones institucionales de Fundarte, así como jefe de investigación y publicaciones de la Cátedra Horacio Peterson, en la misma institución. También fue gerente de imagen y promociones en medios como RCTV y VV Plus. Es coeditora del blog La Ruta y en los últimos años se ha dedicado a la asesoría en comunicación e imagen y diseño de estrategias comunicacionales. Su aporte dentro del Foro Cívico apunta en esa dirección.

Es autora de Horacio Peterson: memorias de un sueño (Fundarte); Catálogo de publicaciones venezolanas sobre teatro (Fundarte); Mito nuestro que estás en la tierra: folletín, radionovela, telenovela (Revista SIC del Centro Gumilla); y del ensayo “Venezuela, los retos de la evolución” contenido en el libro colectivo ¿Qué sucede en Venezuela? editado por la Universidad Austral de Chile (2020).

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